Crítica Teatro Peruano: Demonios en la piel


Por Antonio Capurro


La cita era el domingo a las ocho y media de la noche, he tratado siempre de cosechar la virtud de ser puntual y vaya que lo he logrado pero ese domingo tuve no solo una agotadora mañana sino una cansada tarde, aún en pie logré llegar a casa, ducharme y salir volando como un rayo al Teatro Julieta adonde llegué literalmente al cierre de la boletería. “¿Ya empezó la obra?, soy prensa”, enseguida ella me entregó el pase y mi número de asiento. “En cualquier momento van a salir a escena”, replicó. El reloj me dijo que era cierto, las ocho y cuarenta, trepando las escaleras alcancé la puerta principal que el conserje me abrió muy presto, allí estaba en medio del escenario Paco Solis Fuster, el responsable de la obra lanzando un discurso por el Día Mundial del Teatro, no podía existir fecha más que propicia para celebrar los intentos por hacernos gozar de buena dramaturgia. A los diez minutos el anunciador sentenció por los altavoces “Tercera llamada, tercera llamada”. Estoy a punto de sentir los demonios en la piel, más que listo y preparado…

La aventura no pudo haber sido mejor para terminar el día, sentado en una de las butacas del Teatro Julieta dispuesto a encontrar con Pier Paolo Pasolini y sus demonios, aunque sea en la ficción. Homosexual confeso, militante de izquierda, hombre polifacético con el arte en las venas, fue poeta, dramaturgo, ensayista, novelista pero sobre todo cineasta. Personaje atormentado, difícil y apasionado el que ha retratado Eduardo Adriánzen en una obra que recrea los pasajes más importantes de la vida de este director italiano desde en una especie de flashback que lleva al espectador que no conoce del cineasta a fácilmente engancharse con el argumento.

El grupo teatral “La última orilla” es responsable de tener una vez más esta obra que desde un comienzo se muestra intensa, con actores plenamente entregados a sus personajes y hacerlos tan creíbles como sus líneas. La puesta en escena tiene un estilo minimalista, una escenografía sencilla con panales blancos de fondo, un sube y baja metálico, así como un retroproyector que le añade el efecto de instalación y registro audiovisual al conjunto. Lo interesante es que la estructura de acero daba pie a lo lúdico transformándose a los ojos del espectador en diferentes espacios o cosas.

Son los años sesenta y Pasolini está empeñado en rodar la última polémica escena de su película “Los cuentos de Canterbury “escrita por Geoffrey chaucer en donde un diablo expele curas por el trasero. Los dimes y diretes con su actriz principal y el asistente de dirección no son de cuando acabar, a partir de allí somos testigos de la vehemencia de un hombre entregado a su arte pero aún en el proceso de exorcizar sus demonios, un hombre que busca hacer siempre lo que desea buscando el afecto que ninguno de sus amantes colma del todo. Y la historia va haciendo paralelos entre el Pasolini maduro/niño/adolescente, ese hombre ansioso por vivir a flor de piel sus deseos y emociones, en su ansiedad por sentir que aún le queda mucho camino. Excelente Patricio Villavicencio quien da a la medida de su personaje con mesura y aplomo tanto cuando le toca llorar o exaltarse.

Y también vemos la relación entre Pasolini y su actriz Laura Betti (encantadora Claudia Berninzon) quien le hace una dupla perfecta con Villavicencio, súper graciosa en sus monólogos. Los demás papeles secundarios como los amantes de Pasolini encajan perfectamente a la medida así como el singular grupo de narradores que aparecen al inicio, durante y al final de la obra guiándonos a través de la historia conectándose con la acción, son ellos tan testigos como nosotros o narradores o hasta los que terminan con la vida del director.

La música lleva una carga vital a la puesta que acentúa el conflicto entre estos personajes, tampoco les quiero contar toda la historia porque la idea es que se asomen por el teatro y la juzguen ustedes mismos, pero si eres demasiado conservador no vayas porque Demonios en la piel es una obra diferente una que subvierte que remueve que se atreve a ir más allá no en pos del escándalo sino de la verdad de esa verdad que está en la mente y el cuerpo de Pasolini que bien puede aplicarse a esta Lima que todavía vive de secretos a voces. Verás desnudos y besos entre hombres, pero más allá de eso sentirás que te metes en la obra de lleno que el resto es parte del tema en el que te envuelves plenamente. Demonios en la piel, bajo la dirección de Paco Solis Fuster es una obra imperdible de esas que nos hacen pensar y sentir que tan humanos podemos atrevernos a ser.

Actúan: Patricio Villavicencio, Claudia Berninzon, Renato Fernández, Martín Velásquez, Bruno Espejo, Sebastián de los Heros, Óscar Meza, Gonzalo Pérez, Diego Alonso Ramos, Sebastián Roselló, Andrés Aguilar y Tara Morales Bermúdez.




Demonios en la piel nace de una conversación entre Paco Solís y el dramaturgo Eduardo Adrianzén, autor de la obra, quien había visto la anterior puesta y ofreció gentilmente su obra.

Sobre la elección de los actores jóvenes Paco cuenta que:

"Primero pensamos en los integrantes de Última Orilla para los personajes jóvenes.Consideramos aspectos de manejo técnico, experiencia y disposición. La obra exigía determinados riesgos y mucha entrega. Todo fue muy dialogado. También convocamos a dos actores con mayor experiencia como Claudia Berninzon para el papel de Laura, la actriz fetiche de Pasolini; y Patricio Villavicencio para el propio Pasolini"

Durante el proceso de producción lo más difícil fue lo económico.


 "No logramos conseguir suficiente auspicio y tuvimos que servirnos de lo ahorrado y de préstamos entre los integrantes de la asociación. Pero contamos con un grupo de producción con mucha garra y mística.Todo resulta muy costoso en teatro pero felizmente recibimos el apoyo de artistas amigos, como el de los escultores Rodney Landauro y de Andrea Concepción. Las estructuras y paneles escenográficos, exigieron un trabajo muy específico y funcional; debían conformar una unidad y un lenguaje y también servir a los planteamientos escénicos. En la fotografía nos apoyó Fernando Soto Segovia que no nos cobró nada. Y, de otra parte, en nuestro equipo contamos con el diseñador gráfico Ángel Ruiz y del estudiante de cine Gonzalo Pérez Paredes que asumió la tarea de filmación y edición en videos. Todos ellos son muy talentosos y generosos".

De Pasolini, Paco había visto varias de sus películas y leído algo de su poesía. Al asumir la dirección, investigó mucho, leyó sus escritos y vio sus entrevistas, películas y ensayos sobre su vida y obra. Sobre todo con la muestra “Pasolini. Palabra de corsario” del Círculo de Bellas Artes.Todo resultó muy enriquecedor.

Los actores asumieron las escenas de desnudos y el beso entre Pasolini y su amante haciendo uso de un lenguaje sutil y sugerente.


"Me concentré en las acciones de los personajes para que no caigan ni por asomo en lo sensacionalista y, antes bien, constituyan momentos fundados en los objetivos de los personajes. Para los actores no fue fácil pero todo obedeció a un proceso de reflexión y ensayo".

El tema de la sexualidad de un hombre tan intenso como Pasolini, homosexual confeso, que se atrevió a decir su verdad frente a la sociedad italiana de su época fue un proceso de confrontación con la verdad pasa inevitablemente por la sexualidad y por la manera como se asumen los afectos y los deseos. Enfrentar la sexualidad, más aún en el caso de lo que para una sociedad machista resulta transgresor, implica la ruptura de muchos discursos asumidos desde fuera, impuestos por la norma. No se puede pensar en justicia, democracia o pluralidad sin reconocer las opciones de las minorías ni la realidad de lo negado o excluido. En tal sentido, "Demonios en la piel" toca el tema de la sexualidad pero no de manera reivindicativa sino como un componente primordial a través del cual se ponen en juego todas las posiciones frente a la vida. Incluso, las que atañen a los juegos y mecanismos del poder.

Los actores han trabajado sobre la base de antitéticos: verdad y mentira, amor y desamor, vida y muerte. Todo lo cual se exigía desde las verdades reveladas en las historias de casi todos los personajes que, por cierto, rompen con muchos discursos como el de la felicidad, la familia nuclear, la identidad social, lo masculino. Interpretar, por ejemplo, un personaje como el de Algernon que sufrió el ultraje recurrente de su padrastro y la necedad de su madre, exige mucho compromiso con sentimientos negativos o encontrados.

Fueron entre cinco y seis meses de preparación de la obra trabajando en horarios muy complicados y casi todos los días de la semana, el resultado no puede haber sido más placentero. 


"El teatro, entendido como texto y como puesta, siempre tendría que reflejar unas posiciones frente al mundo. Un lugar en el que se evidencien y confronten las ideas y enjuiciamientos en conflicto pero también las opciones a que se llega o se entrevé desde una comunidad determinada. Con Demonios en la Piel, revivebn las contrariedades y las contradicciones de la vida misma y ello representa una dosis de riesgo para poner en cuestión las propias seguridades, así como de inteligencia y emoción".
¿Lograr contar con verdad y claridad un texto de construcción compleja. El texto presenta niveles alternos a los de la acción central; como el de los tres jóvenes, asumidos en nuestra puesta como ángeles mendigos, cuya función es la de enmarcar la historia de Pasolini en nuestro tiempo. O como el de los saltos al pasado, en lo que el protagonista se confronta con sus implacables demonios.

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