"Yo no creo que una persona quiera ser una minoría social, uno nace como es", Willy Guerra



Por Antonio Capurro

Convertirse en otro, encontrar nuevas emociones o enfrentarse a los propios miedos, descubrir sensaciones, transformarse, mutar hacia la piel de otro que no es uno, jugar a ser alguien que uno desconoce; aunque joven Willy Guerra es un novato, él se ha enfrentado a más de un personaje en su corta faceta de actor ya sea en la escuela o en un teatro de verdad. Su papel de un chico gay reprimido en la obra de Gonzalo Rodríguez Risco “Un verso pasajero”, estrenada en setiembre de este año recibió buenas críticas. 

Una de sus incursiones televisivas fue en “Milagros” serie al estilo del drama mejicano “La Virgen de Guadalupe”, experiencia que califica de satisfactoria pero él prefiere mil veces las tablas, un espacio en el que puede sentir la emoción del público directamente. Willy anhela lograr un estilo personal en cada una de sus interpretaciones por eso no cree tener influencia de ningún actor o actriz en particular pero afirma su admiración hacia Alberto Isola, Claudia Dammert, Paul Vega o Norma Martínez, actores que lo han inspirado a decirse a si mismo que él también puede lograr ese nivel de actuación.

Actualmente cursa el sexto ciclo de Psicología en la PUCP, porque aunque le gusta la carrera es bueno tener un soporte que le ayude en los altibajos futuros de la profesión. 

“Nunca se deja de estudiar, de crecer o de aprender, reciente he terminando este ciclo pero estoy viendo en qué talleres de baile, canto y voz puedo meterme para soltarme un poco más aunque de hecho siempre enfocado en la actuación y es que un actor debe estar preparado para todo debe ser completo”. 

Para Willy lo más difícil y bonito de ser actor es luchar por ser un verdadero actor, apostar por lo que uno quiere y busca, luchar por su vocación.


El drama o la comedia le sientan muy bien, le encantaría hacer un personaje trastornado, alguien con una sicopatía o psicosis, en “Un verso pasajero” lo más trabajoso ha sido votar ese energía reprimida de votar o gritar y quejarse de todo o querer pegarle a todo el mundo, ya en la obra bajó el tono sin dejar de ser un proceso complejo y para eso contó con la ayuda del actor Carlos Acosta. De hecho le encantaría volver a trabajar con Gonzalo y repetir la experiencia junto a ellos.

Cuando lo llamaron para “Un verso pasajero” tras hacer la respectiva audición, Willy pensó que se habían equivocado, pero no estaba en un error, de hecho lo habían elegido para una obra profesional en un teatro como el Centro Cultural del Olivar de San Isidro y hasta pensó que lo estaban lorneando, fue muy emocionante ya que los únicos papeles interpretados fueron los del colegio. Ha participado en talleres junto a Roberto Angeles o Mariana de Althaus, dos referentes de la dramaturgia peruana contemporánea.

Hacer de Felipe en “Un verso pasajero” le tocó buscar en el drama de la homosexualidad como su personaje trabajando en base a la cólera que sentía contra su hermano por ser homofóbico, tuvo que explorar en el rencor y encontrando el rol adecuado. Un papel fuerte que le requirió hacer muchos ejercicios donde brotó la rabia sintiendo que el miedo más grande de la obra es el qué dirán y el temor al rechazo de la familia. 

“Yo no creo que una persona quiera ser una minoría social, uno nace como es, un papá no te puede enviar al sicólogo para que cambies, no es así”.

Mientras aguarda otras propuestas y oportunidades, Willy sigue pensando en hacer cosas nuevas y desarrollar sus habilidades, ese aprendiz que en algún momento va a poder enseñar a otros como él que ahora se inician en el desafiante mundo de la actuación.


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