Con el buen vino





Artículo originalmente publicado en el año 2002 en el magazine digital Decajon.com

Por Antonio Capurro

Amante del vino y de la vegetación, de la naturaleza regeneradora y, por supuesto, de la embriaguez, se le conoció como Dionisio en la mitología griega, Baco en la mitología romana, y Osiris en la egipcia. Según la leyenda era bueno y amable con quienes lo honraban, pero de igual modo podía conducir a la locura y la destrucción a quienes despreciaban sus encantos o sus rituales orgiásticos. Un temperamental resultó ser el dios de la juerga y la buena vida, quien a no dudarlo se daba sus buenas francachelas, al menos en la fértil imaginación de nuestros antepasados.

Por si no lo sabías, la vid, planta que produce las uvas, apareció mucho antes de que el hombre poblara la tierra. Cuarenta variedades de vitis encontradas en formaciones de la era terciaria confirman su antigüedad. En el Cáucaso, la región al oriente del Mar Negro, se descubrieron semillas de uva cultivada que datan de hace 7000 años. Fue en alguna parte de esta región, donde ahora está Turquía o Armenia, que se plantó el primer viñedo.
En Egipto el vino era para la nobleza, mientras que la cerveza era de consumo popular. En las tumbas de las primeras dinastías se encontraron ánforas y recipientes de arcilla que contenían vino y llevaban escrito el nombre del propietario, del vino o de la viña con una nomenclatura. Para los hebreos, la viña simbolizaba la paz y la seguridad; mientras que para los griegos, Dioniosio era un dios hogareño que solía visitarles, hablarles y aconsejarles acerca del cultivo de las viñas. En noviembre y diciembre, pasada la vendimia, se celebraban las dionisias, fiestas con procesiones en las que intervenía toda la comunidad con un júbilo desinhibido. Fiesta hasta la madrugada, y no va ser pues.

Fue Roma la que adoptó las fiestas dionisíacas conocidas como bacanales, y en el año 189 a.C. se dictó un senadoconsulto para restringir los aspectos más orgiásticos del culto. Tampoco faltó en esa ciudad la sobremesa o comissatio, en la que grandes consumidores de vino caían frecuentemente en el exceso, como en las célebres orgías de Nerón, Caracalla y Tiberio, entre otros. Vaya que sabían juerguearse. 


Así fue que Baco pasó de ser dios del vino en salvador. Su culto se volvió popular entre mujeres, esclavos y ciudadanos pobres. Es decir rompió las barreras económicas y sociales. Pero una vez que el Cristianismo emergió como religión dominante, el culto a Dionisio y Baco fue suprimido, y el comportamiento entregado a los vicios en las jaranas báquicas fue motivo de excomunión para los primeros obispos, especialmente si involucraban mujeres (la tentación de la carne pululaba por todos lados). Felizmente, debido al papel jugado en los rituales y la religión, el vino llegó a ser un motivo importante en la cultura occidental. Y de allí, a la mesa y a la carta. Por eso hoy podemos disfrutar entre los vinos tintos desde un Cabernet franc hasta un Syrah, y entre los blancos desde un Semillón hasta un Riesling. La historia del vino no se puede separar de la historia del hombre, y a aquellos que creen que, por ser una de las primeras creaciones del hombre, esta bebida debe mantener un lugar especial en la cultura peruana. Y a tomarse un vino se dijo. 

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