HISTORIAS DE PROPIOS Y EXTRAÑOS: YO FUI UN NIÑO GAY!

Esta semana le he dicho a muchas personas de mi entorno lo mucho que para mí significa el Día del Orgullo porque no es un día cualquiera sino uno muy especial. Y lo es porque reafirma en forma visible una parte de mí, el ser gay. Esta vez voy a centrarme en aquella etapa de mi homosexualidad correspondiente a la niñez o infancia. Desde que tengo conciencia de mis actos o pensamientos reconozco que me sentía diferente. Mi padre seguramente esperaba de mi a un niño con habilidades para el fútbol como su papá o un macho alfa en potencia, pero yo era todo lo contrario, me gustaban las muñecas de mi prima Raquel. Algunas veces me encantaban mis soldaditos o los carritos. Algunas veces era rosa, otra azul. Yo era, alguna vez mi papá se molestó por ese adjetivo del profesor, un niño algo delicado.

Escogí para ilustrar este post la foto donde estoy en mi cumpleaños número cuatro, a esa edad yo era un niño gay al que nadie veía de quien nunca se hablaba porque era invisible para el resto de la sociedad. Existimos pero no se nos nombra, reconoce o verbaliza. Eso es precisamente lo que ocurre con el currículo nacional y con la educación peruana. ¿Cómo pueden trabajarse bien políticas públicas en el tema educativo escolar cuando no se considera a esa población de niños de la diversidad sexual como el que fui yo o los que fueron miles en el Perú? ¿Los niños gays, niñas lesbianas, niños trans, niños queer no existen? Claro que existimos.

Recuerdo como mi familia festejaba a mi primo heterosexual alardeando la forma en que este había mirado en las piernas de una de las amigas de la casa. Yo hubiese querido ser aquel niño celebrado por mirar en las piernas de un hombre. Era un niño gay a quien le gustaba estar cerca a otros niños en el colegio. Un niño con emociones, sentimientos, ideas. Un niño gay que deseaba expresarse. Un niño que deseaba ser. Pero nadie me veía, yo era invisible. Me llena de indignación ver Marchas por la Vida o agresiones homofóbicas en las redes sociales o en público que se llenan la boca de insultos o mensajes tan fundamentalistas. ¿Acaso no piensan por un momento que uno de sus hijos o hijas pudiera ser un niño diferente? Me encanta esa palabra DIFERENTE. 

El año pasado 2017 se desató la polémica ante lo que un sector conservador de la población llama ideología de género (claro es la ideología machista ¿no?) al enfoque de género. Sin embargo, no es tan solo eso, hace falta que se tenga además una perspectiva donde se mencione a la diversidad sexual. Por aquellos días la ex ministra Marilú Martens, durante su presentación en el Congreso para explicar el Currículo Nacional, dio una cifra sorprendente sobre el tema: 36% de los casos de bullying reportados en el país tienen que ver con la homofobia. Yo no fui un niño víctima de bullying homofóbico pero otros SI lo fueron.

No recuerdo que en el Colegio Antonio Raimondi de Chimbote donde estudié la primaria me hayan llamado cabro, maricón, rosquete pero no se trata de mi sino de otros que si fueron humillados, excluidos o discriminados. Por aquellos días de los años ochenta no habían cifras de suicidio, ahora sí. En el portal SíseVe del Ministerio de Educación -que monitorea y recepciona denuncias de bullying- entre setiembre de 2013 y febrero de 2017 se reportaron 11 mil 298 casos, de lo cual se deduce atendiendo a la cifra dada por Martens, que durante esos cinco año se habrían registrado 4067 casos de agresión escolar homofóbica. 

¿Estamos más sensibilizados con el tema? ¿Se las ha preguntado a los niños gays, lesbianas, trans lo que anhelan, se los ha educado en un entorno que los valora, incluye y respeta? ¿Cómo puede darse el cambio si esos padres, madres, familia o amigos de esos niños buleadores que maltratan a otros niños por ser distintos no dan el ejemplo? ¿Cómo podemos avanzar si es que la plataforma SíseVe no incluye como una categoría de bullying el acoso escolar por orientación sexual o identidad de género?

Yo no me suicidé, logré adaptarme y seguir avanzando con mi vida. Eso no quita el hecho de que haya sentido miedo, depresión, angustia por no sentirme completo, por ocultar una par de mi. Todavía hoy en día cientos o miles de niños gay tenemos que camuflarnos para sobrevivir. 2018 no es 1977, nunca lo será. Quisiera ver niños gays o niñas lesbianas, niños trans o niñas trans empoderadxs valientes y seguros. 

El discurso de odio es muy fuerte. Nadie nace odiando se enseña a odiar. Por eso en este mes del orgullo liberemos el amor.

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